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La necesidad de activismo político (The necessity of political activism)


Versión 1.1, Octubre de 2005

Durante décadas, mi posición ha sido quedar fuera de la política y las funciones públicas y, en su lugar, ocuparme de conseguir las mejores oportunidades de sexo para mí.

Sí, tuve mi derroche de actividad política cuando adolescente, al final de los 60, cuando el activismo político estaba de moda en Alemania. Ahora, estoy en mis cincuenta y vuelvo al activismo político, y esta vez no por que esté de moda (y por tanto facilite las oportunidades de sexo), si no por la necesidad de defender que el mundo sea un lugar donde yo pueda vivir un estilo de vida promiscuo sin transgredir la ley.

Mi activismo es a favor de un mundo que ofrezca libertad sexual para todos. Filosófica y biológicamente, mi preocupación, por supuesto, es la libertad sexual para mí. Pero mientras filosófica y biológicamente, el impulso es monopolizar el mayor número posible de hembras, semejante posición no me llevaría muy lejos en política. 

En realidad, esto iría en contra de un gran número de hombres. Si ellos no pueden conseguir libertad sexual para sí mismos, o si el sistema político y legal establecido no lo permite, ellos apoyarán la agenda política de la coalición anti-sexo simplemente por la razón de que si ellos no pueden tener libertad sexual, al menos otros no la tendrán tampoco.

No hay contradicción entre mi filosofía y mi visión política. Filosóficamente, sigo sosteniendo que perseguir la óptima satisfacción sexual para mí es la única razón válida para seguir vivo. Me sumo al activismo político para defender mi libertad de perseguir mis objetivos filosóficos.

Incluso aunque mis objetivos filosóficos son egoístas, no entran en conflicto con mis objetivos políticos, que son altruistas. La clave es que mientras me preocupan filosóficamente solo mis propias oportunidades sexuales, una propuesta política solo tiene posibilidades de de movilizar a la sociedad si apela al número de personas suficientemente amplio.

Para reunir una masa social, puedo ceder en la posición previamente sostenida de que solamente quiero oportunidades de sexo para mí y, en su lugar, sostener la demanda de oportunidades sexuales para todos (y  tanta promiscuidad sexual como cada uno quiera).

Puedo decir que es una concesión menor por que mi impulso de monopolizar tantas mujeres jóvenes como sea posible está principalmente basado en razones de higiene.

Lo que yo quiero, y lo que quiere cada uno, son relaciones sexuales con muchas mujeres, sin ningún riesgo para la salud, sin riesgo de enfrentarse a las familias de las mujeres jóvenes y sin entrar en conflicto con la ley.

Tradicionalmente, los riesgos de la salud eran proporcionales a la promiscuidad de la pareja sexual. Puesto que el número de parejas sexuales o de contactos, puede solamente crecer y nunca decrecer con el tiempo, los hombres tienen una preferencia mimética o incluso genéticamente codificada por las parejas sexuales más jóvenes.

De todas formas, la asociación entre promiscuidad y riego sexual es un problema solo tecnológico, no filosófico. I nos lo proponemos, podemos fácilmente eliminar el riesgo de enfermedades transmitidas sexualmente (así como de embarazos no deseados).

Las medidas tecnológicas sencillas pueden incluir: revisiones semanales de la salud sexual desde la pubertad en adelante, tratamiento gratuito de las enfermedades transmitidas sexualmente y una sofisticación general del de la tecnología de los condones. Una de las desventajas del mundo actual de los condones es la carencia de una diferenciación precisa de tamaños. El vigente enfoque de “un tamaño para todos” es de la edad de piedra del condón.

Eliminar el riesgo de salud por la promiscuidad es técnicamente fácil y hay una largo camino entre la aplicación de la libertad sexual y la promiscuidad para todos. Si podemos asegurar que incluso cambiando de pareja sexual a diario no hay el menor aumento de riesgo para la salud, no hay razón para eliminar tales contactos sexuales diarios y todo el mundo puede tener tantos compañeros de sexo como uno o una quiera.

En una sociedad donde la libertad sexual para todos está implementada, con una eliminación paralela de los riesgos de salud, ya no habría fuertes impulsos de los machos alpha para monopolizar a sus compañeras sexuales. Esto es importante, por que una vez que los machos alpha empiezan a monopolizar mujeres, los machos beta y gamma cambiarán de lado a favor de la implementación de restricciones sexuales.

Por tanto, monopolizando un amplio número de de compañeras sexuales, los machos alpha corren el riesgo de minar el sistema que les permite vivir plenamente su potencial sexual.

Los críticos de mi teoría sexual han señalado correctamente que hay todavía una debilidad matemática en ella. Consiste en que, presumiblemente, los machos tienen mucha más apetencia por un contacto sexual con diferentes parejas que las hembras.

De todas formas, incluso ese problema se resuelve fácilmente, Si no ponemos limitaciones morales, sociales y, especialmente, legales sobre tal conducta, podemos asumir que un gran número de de hembras estarán dispuestas a cambiar favores sexuales por económicos.

Psicólogos biologistas, como David Buss, han demostrado científicamente que tal modus operandi es en realidad un arquetipo arraigado, quizás incluso genéticamente codificado en la mente humana.

Implementar una sociedad amable en la cual las mujeres concedan abiertamente favores sexuales a cambio de dinero es solo una cuestión de ingeniería (social).

Si coincidimos en la necesidad de activismo político, deberíamos proponernos un programa práctico. ¿Por donde sería más eficiente empezar a trabajar en la implementación de nuestra visión de una sociedad justa que provea de un encuadre de libertad sexual óptimo para todos?

Como podemos trabajar para aplicación de esto donde quiera que estemos, está claro que se conseguiría la máxima influencia si concentramos nuestro esfuerzo en los Estados Unidos de América. Los EEUU en el principio del siglo XXI son claramente el líder cultural del mundo, y tienen el músculo para imponer sus ideas sobre cualquier otro país.

Si nuestra visión de una sociedad justa que otorga libertad sexual a todo el mundo fuera implementada en un pequeño país del mundo, habría un peligro real de que el gobierno de los EEUU difamara su sistema social, boicoteara su economía, pusiera a sus servicios secretos sobre sus líderes y eventualmente, incluso lo invadiera militarmente.

Mientras que yo apreciaré cualquier esfuerzo en la dirección de nuestra sociedad imaginada, dichos esfuerzos no sustituyen esfuerzos paralelos para trabajar en la dirección de nuestra visión en los EEUU.

Cualquier avance que podamos conseguir en los EEUU, en no mucho tiempo afectará a la mayoría de los otros países del mundo, como lo han mostrado varios ejemplos históricos.

Cuando los EEUU decidieron aceptar la homosexualidad, cualquier país que no siguió su opinión, apareció como un violador de los derechos humanos. Y en la medida que la Corte Suprema de los EEUU sostiene que los abortos son en principio constitucionales en los EEUU, ni un fanático religioso en la Casa Blanca puede instituir sanciones económicas contra los países que tengan un enfoque incluso más progresista sobre este tema.

No hay sustituto para el activismo político o incluso la presión política en los EEUU. Y hay opciones directas e indirectas para apoyar nuestra causa.

Un enfoque podría ser aumentar la participación de las capas sociales más bajas de EEUU en las elecciones.

Actualmente el derecho al voto es solamente ejercido por menos de la mitad de la población del país. Esto inclina fuertemente los resultados a favor de los barrios comparativamente saludables, blancos, cristianos,  y conservadores (Republicanos). Si los grupos marginales y las poblaciones de los barrios pudieran ser movilizados, o si el voto fuera obligatorio, el horizonte político en los EEUU sería muy diferente en poco tiempo.

Si las capas sociales más bajas participaran en una amplia extensión en los EEUU, veríamos probablemente candidatos que:

*apoyarían mayor libertad de uso de las drogas (presumiblemente, las capas sociales bajas en los EEUU estén más interesados en el uso de drogas sin largas penas de prisión que las capas más altas).

* apoyarían la abolición de la pena capital, puesto que golpea mucho más duramente a los pobres que a los ricos que pueden costearse la contratación de caros abogados que puedan cuando menos aportar lo suficiente a una defensa como para evitar un veredicto mortal.

* apoyarían menos restricciones legales de la conducta sexual, puesto que la moral sexual no es tan estricta en los estratos bajos de la sociedad de los EEUU.

Aumentar la participación de las poblaciones de los barrios y de las capas sociales bajas en las elecciones de los EEUU es una piedra angular en la construcción de nuestra carretera hacia una sociedad mundial de libertad sexual.

Y una manera de conseguir los partidarios potencialmente más radicales de nuestra visión es a través de la música popular tipo rap, reggae o cualquiera que sea la tendencia.

El mensaje que deberían llevar es, en principio, muy simple. Llamar a los jóvenes rebeldes, a la población de los barrios y las capas sociales bajas de los EEUU ejercitar su derecho y a participar en cada elección que haya en EEUU. Este mensaje no es sospechoso y tendrá los efectos que deseamos: un decisivo giro de la política de EEUU hacia la izquierda.

Obviamente, me gustaría que los músicos populares y sus letristas asumieran el tópico por que reconocieran su importancia. Pero también daría la bienvenida a una financiación desde cualquier fuente que proveyera una fuerte ayuda económica a los músicos populares y escritores de letras, e incluso a emisoras de radio y empresarios de conciertos que difundieran el mensaje de que las poblaciones de los barrios y las capas sociales bajas de los EEUU pueden marcar una diferencia importante en la política de los EEUU.

Incluso aceptaría de buen grado si los inmensamente ricos señores de la droga pusieran parte del dinero que han amasado para una Buena causa y ayudaran a llevar a una amplia parte de las poblaciones de los barrios y las capas sociales más bajas de los EEUU a las urnas. De todas maneras, usar los votos de esa forma tendría una inmediato efecto positivo para los señores de la droga, también, pues la subsiguiente configuración del Congreso de los EEUU resultaría en unas leyes sobre drogas probablemente más suaves.

No por que las leyes suavizadas sobre drogas sean buenas para su negocio. Ellos ganan más dinero si las drogas son ilegales, por que eso deja a las compañías de negocios convencionales fuera del mercado.

Pero unas leyes más suaves sobre drogas en EEUU puede ser una gran diferencia para la satisfacción personal de los señores de la droga. De todas formas, todos ellos corren el riesgo de ser secuestrados como Noriega.

Yo personalmente no tomo drogas. Creo que las drogas no son un sustituto de la experiencia sexual óptima, y creo como la delineada más arriba, el uso de las drogas disminuiría por sí mismo.

De todos modos, la liberalización de las drogas en EEUU es, en mi opinión, un paso intermedio importante hacia una sociedad con más libertad sexual. Las drogas minan las creencias religiosas en la medida en que implementan porciones del paraíso en el mundo real, por tanto hacen a la gente menos permeable a las enseñanzas religiosas sin sentido.

Tenemos un programa político: la realización de una sociedad que permita haga avanzar el sexo libre, más sexo y mejor sexo para todos, y siendo la realización de su meta el mandato supremo, acepto a quien sea en una coalición que nos acerque a nuestro objetivo.

En la sociedad ideal que ensoñamos, el crimen sería definido diferentemente. El crimen sería una forma de interacción entre un perpetrador y una víctima que no ha otorgado su consentimiento.

El crimen, en nuestra sociedad ideal, no sería permitido como construcción arbitraria del cuerpo legislador. Por definición, cualquier cosa que yo le haga a mi cuerpo no puede ser un crimen. Algo que yo hago y que no produce víctimas, no puede ser per se un crimen.

Aún más, algo que ocurre entre dos personas que consientes y tienen suficiente capacidad de razonamiento, no puede ser declarado un crimen. Y aún más, una persona que se siente molesta (por que no lo acepta culturalmente) por lo que hacen otras personas no puede clamar que es una víctima.

Para decirse víctima de la acción consensuada entre otras personas, la reclamación de una tercera persona debe ser substancial, y el derecho que dice estar siendo o haber sido violado debe ser más fuerte que el derecho básico a la expresión sexual  consensuada, libre y plena, de aquellos a quienes acusa de violar sus derechos.



All rights reserved. Last updated: January 3, 2006