Durante décadas, mi
posición ha sido quedar fuera de la política y las funciones públicas y, en su
lugar, ocuparme de conseguir las mejores oportunidades de sexo para mí.
Sí, tuve mi
derroche de actividad política cuando adolescente, al final de los 60, cuando
el activismo político estaba de moda en Alemania. Ahora, estoy en mis cincuenta
y vuelvo al activismo político, y esta vez no por que esté de moda (y por tanto
facilite las oportunidades de sexo), si no por la necesidad de defender que el
mundo sea un lugar donde yo pueda vivir un estilo de vida promiscuo sin
transgredir la ley.
Mi activismo es a favor
de un mundo que ofrezca libertad sexual para todos. Filosófica y biológicamente,
mi preocupación, por supuesto, es la libertad sexual para mí. Pero mientras
filosófica y biológicamente, el impulso es monopolizar el mayor número posible
de hembras, semejante posición no me llevaría muy lejos en política.
En realidad, esto
iría en contra de un gran número de hombres. Si ellos no pueden conseguir
libertad sexual para sí mismos, o si el sistema político y legal establecido no
lo permite, ellos apoyarán la agenda política de la coalición anti-sexo
simplemente por la razón de que si ellos no pueden tener libertad sexual, al
menos otros no la tendrán tampoco.
No hay
contradicción entre mi filosofía y mi visión política. Filosóficamente, sigo
sosteniendo que perseguir la óptima satisfacción sexual para mí es la única
razón válida para seguir vivo. Me sumo al activismo político para defender mi
libertad de perseguir mis objetivos filosóficos.
Incluso aunque mis
objetivos filosóficos son egoístas, no entran en conflicto con mis objetivos
políticos, que son altruistas. La clave es que mientras me preocupan
filosóficamente solo mis propias oportunidades sexuales, una propuesta política
solo tiene posibilidades de de movilizar a la sociedad si apela al número de
personas suficientemente amplio.
Para reunir una
masa social, puedo ceder en la posición previamente sostenida de que solamente
quiero oportunidades de sexo para mí y, en su lugar, sostener la demanda de
oportunidades sexuales para todos (y tanta
promiscuidad sexual como cada uno quiera).
Puedo decir que es
una concesión menor por que mi impulso de monopolizar tantas mujeres jóvenes
como sea posible está principalmente basado en razones de higiene.
Lo que yo quiero, y
lo que quiere cada uno, son relaciones sexuales con muchas mujeres, sin ningún
riesgo para la salud, sin riesgo de enfrentarse a las familias de las mujeres
jóvenes y sin entrar en conflicto con la ley.
Tradicionalmente,
los riesgos de la salud eran proporcionales a la promiscuidad de la pareja
sexual. Puesto que el número de parejas sexuales o de contactos, puede solamente
crecer y nunca decrecer con el tiempo, los hombres tienen una preferencia
mimética o incluso genéticamente codificada por las parejas sexuales más
jóvenes.
De todas formas, la
asociación entre promiscuidad y riego sexual es un problema solo tecnológico,
no filosófico. I nos lo proponemos, podemos fácilmente eliminar el riesgo de
enfermedades transmitidas sexualmente (así como de embarazos no deseados).
Las medidas
tecnológicas sencillas pueden incluir: revisiones semanales de la salud sexual
desde la pubertad en adelante, tratamiento gratuito de las enfermedades
transmitidas sexualmente y una sofisticación general del de la tecnología de
los condones. Una de las desventajas del mundo actual de los condones es la
carencia de una diferenciación precisa de tamaños. El vigente enfoque de “un
tamaño para todos” es de la edad de piedra del condón.
Eliminar el riesgo
de salud por la promiscuidad es técnicamente fácil y hay una largo camino entre
la aplicación de la libertad sexual y la promiscuidad para todos. Si podemos
asegurar que incluso cambiando de pareja sexual a diario no hay el menor
aumento de riesgo para la salud, no hay razón para eliminar tales contactos
sexuales diarios y todo el mundo puede tener tantos compañeros de sexo como uno
o una quiera.
En una sociedad
donde la libertad sexual para todos está implementada, con una eliminación
paralela de los riesgos de salud, ya no habría fuertes impulsos de los machos
alpha para monopolizar a sus compañeras sexuales. Esto es importante, por que
una vez que los machos alpha empiezan a monopolizar mujeres, los machos beta y
gamma cambiarán de lado a favor de la implementación de restricciones sexuales.
Por tanto,
monopolizando un amplio número de de compañeras sexuales, los machos alpha
corren el riesgo de minar el sistema que les permite vivir plenamente su
potencial sexual.
Los críticos de mi
teoría sexual han señalado correctamente que hay todavía una debilidad
matemática en ella. Consiste en que, presumiblemente, los machos tienen mucha
más apetencia por un contacto sexual con diferentes parejas que las hembras.
De todas formas,
incluso ese problema se resuelve fácilmente, Si no ponemos limitaciones
morales, sociales y, especialmente, legales sobre tal conducta, podemos asumir
que un gran número de de hembras estarán dispuestas a cambiar favores sexuales
por económicos.
Psicólogos
biologistas, como David Buss, han demostrado científicamente que tal modus operandi
es en realidad un arquetipo arraigado, quizás incluso genéticamente codificado
en la mente humana.
Implementar una
sociedad amable en la cual las mujeres concedan abiertamente favores sexuales a
cambio de dinero es solo una cuestión de ingeniería (social).
Si coincidimos en
la necesidad de activismo político, deberíamos proponernos un programa práctico.
¿Por donde sería más eficiente empezar a trabajar en la implementación de
nuestra visión de una sociedad justa que provea de un encuadre de libertad
sexual óptimo para todos?
Como podemos
trabajar para aplicación de esto donde quiera que estemos, está claro que se
conseguiría la máxima influencia si concentramos nuestro esfuerzo en los
Estados Unidos de América. Los EEUU en el principio del siglo XXI son
claramente el líder cultural del mundo, y tienen el músculo para imponer sus
ideas sobre cualquier otro país.
Si nuestra visión
de una sociedad justa que otorga libertad sexual a todo el mundo fuera
implementada en un pequeño país del mundo, habría un peligro real de que el
gobierno de los EEUU difamara su sistema social, boicoteara su economía, pusiera
a sus servicios secretos sobre sus líderes y eventualmente, incluso lo
invadiera militarmente.
Mientras que yo
apreciaré cualquier esfuerzo en la dirección de nuestra sociedad imaginada,
dichos esfuerzos no sustituyen esfuerzos paralelos para trabajar en la
dirección de nuestra visión en los EEUU.
Cualquier avance
que podamos conseguir en los EEUU, en no mucho tiempo afectará a la mayoría de
los otros países del mundo, como lo han mostrado varios ejemplos históricos.
Cuando los EEUU
decidieron aceptar la homosexualidad, cualquier país que no siguió su opinión,
apareció como un violador de los derechos humanos. Y en la medida que la Corte
Suprema de los EEUU sostiene que los abortos son en principio constitucionales
en los EEUU, ni un fanático religioso en la Casa Blanca puede instituir
sanciones económicas contra los países que tengan un enfoque incluso más
progresista sobre este tema.
No hay sustituto
para el activismo político o incluso la presión política en los EEUU. Y hay
opciones directas e indirectas para apoyar nuestra causa.
Un enfoque podría
ser aumentar la participación de las capas sociales más bajas de EEUU en las
elecciones.
Actualmente el
derecho al voto es solamente ejercido por menos de la mitad de la población del
país. Esto inclina fuertemente los resultados a favor de los barrios
comparativamente saludables, blancos, cristianos, y conservadores (Republicanos). Si los grupos marginales y las
poblaciones de los barrios pudieran ser movilizados, o si el voto fuera
obligatorio, el horizonte político en los EEUU sería muy diferente en poco
tiempo.
Si las capas sociales
más bajas participaran en una amplia extensión en los EEUU, veríamos
probablemente candidatos que:
*apoyarían mayor
libertad de uso de las drogas (presumiblemente, las capas sociales bajas en los
EEUU estén más interesados en el uso de drogas sin largas penas de prisión que
las capas más altas).
* apoyarían la
abolición de la pena capital, puesto que golpea mucho más duramente a los
pobres que a los ricos que pueden costearse la contratación de caros abogados
que puedan cuando menos aportar lo suficiente a una defensa como para evitar un
veredicto mortal.
* apoyarían menos
restricciones legales de la conducta sexual, puesto que la moral sexual no es
tan estricta en los estratos bajos de la sociedad de los EEUU.
Aumentar la
participación de las poblaciones de los barrios y de las capas sociales bajas
en las elecciones de los EEUU es una piedra angular en la construcción de
nuestra carretera hacia una sociedad mundial de libertad sexual.
Y una manera de
conseguir los partidarios potencialmente más radicales de nuestra visión es a
través de la música popular tipo rap,
reggae o cualquiera que sea la
tendencia.
El mensaje que
deberían llevar es, en principio, muy simple. Llamar a los jóvenes rebeldes, a
la población de los barrios y las capas sociales bajas de los EEUU ejercitar su
derecho y a participar en cada elección que haya en EEUU. Este mensaje no es
sospechoso y tendrá los efectos que deseamos: un decisivo giro de la política
de EEUU hacia la izquierda.
Obviamente, me
gustaría que los músicos populares y sus letristas asumieran el tópico por que
reconocieran su importancia. Pero también daría la bienvenida a una
financiación desde cualquier fuente que proveyera una fuerte ayuda económica a
los músicos populares y escritores de letras, e incluso a emisoras de radio y
empresarios de conciertos que difundieran el mensaje de que las poblaciones de
los barrios y las capas sociales bajas de los EEUU pueden marcar una diferencia
importante en la política de los EEUU.
Incluso aceptaría
de buen grado si los inmensamente ricos señores de la droga pusieran parte del
dinero que han amasado para una Buena causa y ayudaran a llevar a una amplia
parte de las poblaciones de los barrios y las capas sociales más bajas de los
EEUU a las urnas. De todas maneras, usar los votos de esa forma tendría una
inmediato efecto positivo para los señores de la droga, también, pues la
subsiguiente configuración del Congreso de los EEUU resultaría en unas leyes
sobre drogas probablemente más suaves.
No por que las
leyes suavizadas sobre drogas sean buenas para su negocio. Ellos ganan más
dinero si las drogas son ilegales, por que eso deja a las compañías de negocios
convencionales fuera del mercado.
Pero unas leyes más
suaves sobre drogas en EEUU puede ser una gran diferencia para la satisfacción
personal de los señores de la droga. De todas formas, todos ellos corren el
riesgo de ser secuestrados como Noriega.
Yo personalmente no
tomo drogas. Creo que las drogas no son un sustituto de la experiencia sexual
óptima, y creo como la delineada más arriba, el uso de las drogas disminuiría
por sí mismo.
De todos modos, la
liberalización de las drogas en EEUU es, en mi opinión, un paso intermedio
importante hacia una sociedad con más libertad sexual. Las drogas minan las
creencias religiosas en la medida en que implementan porciones del paraíso en
el mundo real, por tanto hacen a la gente menos permeable a las enseñanzas
religiosas sin sentido.
Tenemos un programa
político: la realización de una sociedad que permita haga avanzar el sexo
libre, más sexo y mejor sexo para todos, y siendo la realización de su meta el
mandato supremo, acepto a quien sea en una coalición que nos acerque a nuestro
objetivo.
En la sociedad
ideal que ensoñamos, el crimen sería definido diferentemente. El crimen sería
una forma de interacción entre un perpetrador y una víctima que no ha otorgado
su consentimiento.
El crimen, en
nuestra sociedad ideal, no sería permitido como construcción arbitraria del cuerpo
legislador. Por definición, cualquier cosa que yo le haga a mi cuerpo no puede
ser un crimen. Algo que yo hago y que no produce víctimas, no puede ser per se
un crimen.
Aún más, algo que
ocurre entre dos personas que consientes y tienen suficiente capacidad de
razonamiento, no puede ser declarado un crimen. Y aún más, una persona que se
siente molesta (por que no lo acepta culturalmente) por lo que hacen otras
personas no puede clamar que es una víctima.
Para decirse
víctima de la acción consensuada entre otras personas, la reclamación de una
tercera persona debe ser substancial, y el derecho que dice estar siendo o
haber sido violado debe ser más fuerte que el derecho básico a la expresión
sexual consensuada, libre y plena, de
aquellos a quienes acusa de violar sus derechos.